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Santiago García Aracil

garcia-aracil_270x250Santiago García Aracil, el Obispo del lujo. Así llaman al arzobispo de Mérida-Badajoz, sus paisanos.

Y dicen que es le gusta mucho el lujo, las buenas mesa, los grandes coches y los casoplones.
Y precisamente de casoplones parece tratar la cosa. El seños obispo, ha contratado a un arquitecto y a diferentes trabajadores de la construcción para que conviertan el Palacio Episcopal en una mansión a todo trapo.
Parece ser que incluso sin estar en posesión de todas las licencias y permisos oportunos.
Mármoles, maderas nobles, muebles a medida, suites con vestidores e incluso y yacuzzi.

Algo que no gusta a los vecinos pero que tampoco ha gustado a un grupo de 30 sacerdotes de la diócesis, que han enviado una carta al nuncio de roma en la que acusan a al arzobispo Santiago García Aracil de llevar a cabo de gastos excesivos, llamativos e incluso escandalosos. Cuentan, en su misiva al nuncio del Papa, que el obispo está realizando obras de reforma en el seminario de Badajoz presupuestadas en 1,54 millones de euros, además de la remodelación del palacio episcopal cuyas cifras nadie parece conocer, ya que no ha salido a concurso.

Indican que esa obra, que definen como una suite con un enorme vestidor de madera, suelos de mármol, baño con hidromasaje y jacuzzi, es además innecesaria, ya que a escasos 60 metros se dispone ya de una vivienda para el arzobispo, y que es la que ocupa, de 500 metros cuadrados.

Los sacerdotes piden que intervenga el Papa para que estos gastos no condicionen la llegada del nuevo arzobispo, y muy especialmente por lo llamativo de estos gastos en una región como Extremadura, que, como recuerdan los religiosos, es la menos desarrollada de España, con un índice de paro de casi el 30% que se duplica hasta el 64% entre los jóvenes.

El Arzobispado de Mérida-Badajoz no se ha pronunciado sobre la carta, mientras algunos sacerdotes, le restan valor sosteniendo que es imposible que esté firmada por tantos compañeros, y creen que hay un solo instigador. Otros, también de forma anónima, aluden a que el asunto es un escándalo impropio de una institución que como la Iglesia predica pobreza y cuyos bienes deben estar al servicio de los más necesitados.

 

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