OTRA SEÑAL PARA DESCONFIAR DE LARA | Pensar ahora en una sucesión constitucional, será llevar lo sucedido ayer en Viacha a un nivel de suicidio nacional...
Bien pudo reaccionar como atinadamente sugirió el Alcalde de Cochabamba, lo hubiésemos aplaudido, pero el coronel Ronald Alvarado tuvo la templanza, la mente fría y las ganas contenidas, soportando estoicamente la humillación en vivo y directo, para evitar victimizar a su “constitucional” agresor. Fue un acto heroico y merece una justa condecoración, no sólo de las Fuerzas Armadas, también del Parlamento como órgano tutelar de la democracia.
Lara iba muy correcto en su campaña para desentrañar las tramas sórdidas en torno al mercenario Cerimedo, mostraba aparente coherencia y lucidez; contaba con nuestro apoyo. Pero el bochorno histérico que protagonizó ayer, irrespetando el dolor de Viacha en su afán de trepar otro peldaño en su ambición de poder, es una evidencia de que estamos ante un ex policía que no merece la menor confianza, sicópata y peligroso para la democracia tan venida a menos por tanta corrupción gubernamental. Estamos sin salida.
La señal que dio ayer el abusivo Vicepresidente al violar tan grotescamente una cadena de mando militar marcada por la Constitución, maltratando con intolerable prepotencia a un soldado de la Patria, nos alerta de que vamos a tener que soportar a Rodrigo Paz y su hediondo entorno “cerimedista” por lo menos un par de años más, hasta que pueda viabilizarse una revocatoria de mandato prevista por la Constitución y se vayan los dos; salvo que el Presidente reconduzca este mal camino al que nos lleva y el Vicepresidente cure su salud anímica.
Entretanto, pensar ahora en una sucesión constitucional, será llevar lo sucedido ayer en Viacha a un nivel de suicidio nacional. Bolivia no puede ni debe salir de esta crisis hecho un país-manicomio ni convertido en un paraíso virtual de mercenarios como Cerimedo.










