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Arce y Zúñiga pretendían militarizar el chapare


La amenaza del bloqueo de caminos por parte de Evo Morales llevó al Gobierno de Arce Catacora intentar frenar al cocalero interviniendo militarmente el Chapare para atraparlo

A inicios de 2024, Morales convocó a un bloqueo de caminos que duró 36 días (del 22 de enero al 16 de febrero) imponiendo la elección de magistrados en urnas, proceso que el Ministro de Justicia, Iván Lima, viabilizó en el Parlamento a costa de eliminar las elecciones primarias del calendario electoral.

En mayo de ese mismo año, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) avaló un Congreso del MAS manejado por el sector afín a Lucho Arce, que desconoció la jefatura de Evo Morales.

El cocalero había quedado sin sigla para participar en las elecciones que se aproximaban, apeló sin éxito la decisión del TSE que favorecía a Arce. Entonces volvió a amenazar con otro bloqueo de caminos.

Junio era un mes clave. Evo Morales avanzaba amenazante en su conspireta bloqueadora para derribar a Lucho Arce y recuperar la sigla del MAS. Según reveló el propio Zúñiga, se decidió golpear militarmente al cocalero para conjurar el bloqueo en ciernes. La decisión habría sido tomada en una reunión de Arce con Zúñiga, a la que asistieron —declaró— los ministros Marianela Prada y Edmundo Novillo, además un presunto asesor cubano.

El plan acordado entre Arce y Zúñiga era dictar un Estado de Excepción (según la nueva ley vigente) de manera regionalizada, desplazando tropas al Chapare, tal como el propio Evo Morales hizo en Pando el año 2008 cuando regionalizó un Estado de Sitio para encarcelar al prefecto Leopoldo Fernández.

Sería un día cualquiera de junio, sin fecha prevista, apenas Evo Morales ordene el bloqueo nacional de caminos.

LA ENTREVISTA DEL DESASTRE


La noche del 24 de junio de 2024 —ya bajo un clima de tensión causada por la amenaza evista del bloqueo de caminos—, Zúñiga se presentó a una entrevista televisiva con su uniforme de gala, violando flagrantemente la norma constitucional que prohíbe a militares deliberar; pero lo hizo por instrucción expresa del presidente Arce, bajo autorización del ministro de Defensa Edmundo Novillo y con un guion pautado por la ministra de la Presidencia Marianela Prada, sobrina de Banzer.

Los mentores gubernamentales del “General del Pueblo” no habían previsto las limitaciones intelectuales e ideológicas del militar, sólo superadas por su desenfrenado diletantismo. Fue un error estratégico lanzarle a esa entrevista.

Arce, Novillo y Prada tampoco previeron la astucia de la periodista que entrevistó al General, jalándole la lengua hasta hacerle decir que las Fuerzas Armadas podían incluso ejecutar a Evo Morales una vez que se proceda a la acción militar “al amparo de la Constitución”.

Zúñiga habló esotéricamente de una “revolución de colores” refiriéndose a la convulsión social promovida por Evo Morales con sus bloqueos; lo acusó de desestabilizar al Gobierno buscando el acortamiento del mandato de Luis Arce. La respuesta, dijo, sería la intervención de las FF.AA. para impedir la postulación presidencial de Morales “haciendo cumplir la Constitución” y “de ser necesario, detenerlo”.

EL GRUPO DE PUEBLA Y LA DESTITUCIÓN DE ZÚÑIGA

Al día siguiente de esa entrevista, Evo Morales recibió respaldo unánime del neo-estalinismo internacional. Nicolás Maduro llamó personalmente a Lucho Arce protestando por los exabruptos de su Comandante del Ejército, y a través de un comunicado el Grupo de Puebla le exigió a Arce, públicamente, destituirlo.

“Resulta inadmisible que quien conduce el Ejército boliviano amenace con alzarse en armas buscando impedir que un ciudadano se postule para presidir el país”, decía el documento del Grupo de Puebla.

Debatiéndose entre su lealtad política a líderes como Maduro, Ortega y Díaz Canel, o su amistad personal con Zúñiga, Luis Arce optó por bajarle la caña al desaforado militar.

Según Novillo, Zúñiga fue convocado la noche del martes 25 de junio al Palacio de Gobierno donde fue notificado de su relevo “con el respeto que el General se merece” —dijo el sinuoso Ministro de Defensa—. “Reconoció que cometió algunos excesos y nos manifestó que se ponía a disposición de lo que decida el Capitán General y nos despedimos de la forma más amistosa, y abrazos fraternales. Dijo que siempre iba a estar al lado del Presidente y del Gobierno”.

EL PATÉTICO “GOLPE” DEL 26 DE JUNIO

Sin embargo la mañana del miércoles 26 de junio, pese a tener conocimiento de su relevo, Zúñiga se obstinó en presidir un acto protocolar en el Cuartel de Miraflores que ya estaba agendado dentro el cronograma anual del Ejército. Se trataba de la imposición de grados de oficiales de Inteligencia que, pocas horas después, estuvieron a la vanguardia en la toma de la Plaza Murillo.

El ministro Novillo, que noche antes le había oficializado su destitución, sabía que Zúñiga no podía presidir ese acto oficial y no hizo nada para detenerlo, se limitó a no asistir.

En cuestión de horas, Zúñiga armó una improvisada asonada golpista tomando contacto con militares del servicio pasivo quienes, a su vez, involucraron al defenestrado jefe militar con activistas de ultraderecha ligados al sionismo. Armado el esquema, anunció en la Plaza Murillo que formaría su gabinete de «unidad nacional” y que daría libertad a procesados como la ex presidente interina Jeanine Añez.

Zuñiga engañó a sus camaradas y subalternos haciéndoles creer que la hora de actuar había llegado, pese a que no existía ningún peligro visible que hiciera temer un acortamiento del mandato de Arce. Evo Morales aún no había lanzado su convocatoria al bloqueo nacional de caminos.

“El tipo obró con muy mala fe, abusó de una autoridad que ya ni tenía, involucrando a camaradas inocentes en su problema político y personal con el Presidente” —dijo una fuente militar que colaboró con Sol de Pando—. Ocultó deliberadamente el hecho de que ya estaba relevado desde la noche del martes, ya no tenía mando de tropa pero seguía mandando, delictivamente.

Terminado el acto de graduación en Miraflores, pasando el mediodía, de ahí Zúñiga llevó las tanquetas a la Plaza Murillo, despotricando contra Arce y pateando a tanquetazo limpio las puertas del Palacio.

“Lo que hizo Zúñiga ese miércoles era algo más parecido a un motín que a un golpe de Estado. Al parecer lo que pretendía era obligar a Arce que le devuelva el mando de tropa, invocando una lealtad de viejos amigos, es decir chantajeándolo, y lo que realmente quería era no perder sus privilegios y la fama de estrellita de televisión que le hicieron creer intocable; pero salió el tiro por la culata. Un verdadero soldado profesional jamás haría lo que ha hecho Zúñiga”, comenta el entrevistado.

Gran parte del éxito de Zúñiga para engatusar a los comandantes que cayeron en aquella patética trampa de la Plaza Murillo, se debió al perfil alto que le había dado la entrevista televisiva del 24 de junio.

El fracaso del plan de junio causó una crisis dentro las FF.AA. El cocalero volvió a arremeter con un bloqueo de caminos en septiembre de 2024, buscando recuperar la sigla que le fue arrebatada, y esta vez, ya sin un Zúñiga en la zona de emergencia, el Gobierno de Arce optó por reactivar un proceso judicial olvidado, por el estupro de Evo Morales contra una menor, que había estado engavetado en Tarija desde el 2020.